Los borrachos o El Triunfo de Baco debió de pintarse
en Madrid en 1629, el año siguiente del viaje de Rubens a la corte española, y
quién sabe si esta primera composición mitológica de Velázquez no responderá a
una sugestión del gran flamenco.
Pero nada hay más opuesto a la concepción ampulosa y sensual del
pintor de Amberes que este modo personal, simple y cotidiano de interpretar la
escena, casi como de cuadro de género, que ha hecho pensar a veces si la
intención del pintor era expresar lo mitológico, copiar una escena tabernaria, o
burlarse de los dioses antiguos.
Baco es un mocetón fornido, de labios sensuales, que se ha
desnudado como por burla, y sus acompañantes son pícaros o soldados de los
Tercios, vistos en su más inmediata realidad. La técnica es la de sus años
sevillanos, con fuerte acentuación de los contrastes luminosos y un modelado
apretado y naturalista. Sin embargo, en el paisaje se van introduciendo los
tonos grises y la pincelada es algo más ligera que en sus primeras obras.
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