martes, 10 de abril de 2012

San Lorenzo de Medici

Lorenzo de Medici por Agnolo Bronzino. Museo MediceoLorenzo el Magnífico (Florencia 1449-Careggi 1492):Sucedió a su padre a los 21 años. Dotado de gran inteligencia, realizó durante su principado (1469-1492) el ideal del renacimiento italiano: poeta, filósofo, mecenas y diplomático, gozó de una popularidad real en Florencia y de gran prestigio en Europa, ya que por su recomendación, los artistas florentinos consintieron en poner su talento al servicio de los principes del contin. Coleccionista como su padre, fundó la biblioteca Laurencinana. En la Academia platónica estuvo a la altura de Ficino, Poliziano, Pico della Mirandola y Leon Battista Alberti. Sus gustos artísticos han podido ser duscutidos, pero lo cierto es que Botichelli fue su amigo, y que la escuela del jardín de San Marcos, antecedente de la Academia de 1561, y que fundó para formar a los artistas, contaba entre sus alumnos a Miguel Angel. Asimismo llevó a cabo una intensa actividad diplomática e incluso militar: se percató de la importancia del equilibrio entre los estados italianos, e hizo todo lo posible para evitar una intervención extranjera.Fue un mal gestor, dejó que se perdiera la compañía Medici. Con la baja del oro, la desfavorable coyuntura económica impidió a los soberanos pagar sus deudas; de este modo sucumbieron las filiales de Londres, Brujas y Lyon (creada en 1466). Por otra parte Lorenzo empleó los fondos del capital familiar en sus gastos culturales o políticos y, confundiendo el tesoro de Florencia con el de los Médicis, provocó la bancarrota del Monte dei dotti. El 1 de enero de 1449 nació en Florencia Lorenzo de Medici, famoso en el mundo, desde hace varios siglos, con el nombre de Lorenzo el Magnífico. Nieto de Cosme el Viejo, pater patriae padre del futuro León X, tío de Clemente VII, amigo de Poliziano y de Pulci, filósofo contemporáneo de Pico de la Mirandola, protector de Botichelli y de Miguel Angel, recibió a la hora de la muerte, la bendición de Jerónimo Savonarola. La maravillosa plenitud del Renacimiento florentino -que después fue Renacimiento italiano y más tarde Renacimiento europeo- Tuvo en Lorenzo su protagonista, o mejor aún, su epicentro temporal y simbólico. A pesar de que murió muy joven -sólo contaba cuarenta y tres años-, él, con su nombre, su obra, su influencia y su persona, llenó toda la historia italiana civil e intelectual del último tercio del siglo XV. Contaba apenas diecisiete años cuando su padre, Pedro el Gotoso, le envió, primero a Venecia y luego a Milán, como embajador extraordinario, encontrándose a los veinte años, en 1469, junto con su hermano Julián, al frente del Estado. En 1478, por un verdadero milagro, no sucumbió bajo los puñales de los Pazzi. En ese mismo año, Fernando, rey de Nápoles, declara la guerra a los florentinos, y, dos años más tarde, Lorenzo parte solo y desarmado, casi a escondidas, para Nápoles, con peligro de ser apresado y muerto, logrando alcanzar la paz. Todos los historiadores coinciden en alabar en él al prudente conciliador de los asuntos italianos, que supo ser también el "fiel de la balanza política", que frenaba rivalidades peligrosas y ponía fin a guerras funestas. Si hubiera vivido más tiempo, quizá hubiera logrado, igualmente, impedir la invasión de Carlos VIII, origen de todas aquellas dominaciones extranjeras que se enseñorearon de Italia hasta finales del siglo XIX. Sin embargo ha sido la historiografía y la novela del siglo XIX las que, de una manera siniestra, nos han presentado a Lorenzo como un tirano de su patria, un hipócrita, un sanguinario y un corruptor. Estos escritores han olvidado que las vicisitudes por las que la República florentina pasó durante los años comprendidos entre finales del siglo XIV y principios del XV, habían demostrado que no era posible en aquella ciudad envidiosa, rebelde y turbulenta, el libre juego de la libertad republicana, toda vez que las camarillas o familias más poderosas se disputaban, por todos los medios, más ilícitos que lícitos, violentos que pacíficos, la hegemonía. Era, por tanto, inevitable que una de estas familias, la más rica e inteligente, conquistase el predominio sobre las demás, y esta suerte, no tan feliz como pudiera creerse, correspondió a los Médici Cafaggiolo, gracias a la excepcional sabiduría de Cosme el Viejo, abuelo de Lorenzo. Lorenzo, a semejanza con el abuelo, no asumió los poderes ni se dio aires de príncipe, como sucedía en otras señorías italianas de aquel tiempo. Procuró solamente que fueran llamados a ocupar los principales puestos de la República amigos de la familia; sin embargo, en los asuntos de Estado consultó tanto a los grandes como a los humildes, y para todos los demás se contentó con ser un ciudadano entre los ciudadanos, y continuó ocupándose de los asuntos de su Banco, base principal del poder de los Médici. En los últimos años permitió que Savonarola la emprendiese con él desde el púlpito, mientras no le fuera posible alejarlo de Florencia, por su calidad de fraile forastero.

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